Este blog tiene con fin intercambiar opiniones sobre las obras literarias que están leyendo las estudiantes de la Institución Educativa Distrital Lestonnac y escribir reflexiones, frases, puntos de vista sobre la obra en mención.
LAS ANIMO A PARTICIPAR.
Así se llama el celebrado libro del gran humanista Erasmo de Rotterdam, y nunca tan oportuno título y libro para una época desquiciada y confundida, en tránsito indetenible a repetir los errores del pasado como las guerras y los conflictos alimentados desde el poder.
El dictador Mugabe, después de alimentar durante 30 años todo tipo de violencia desde el gobierno, hoy, agónico en su poder de muerte y con un país absolutamente arruinado clama por el cese de la violencia política, en un gesto insincero, tardío e inútil.
La teocracia feudal iraní, sigue empeñada en su apuesta con la muerte, como en su momento la Alemania nazi, el fascismo italiano y japonés y la Rusia comunista, regímenes que convirtieron en política de estado el armamentismo y el desafío permanente, hasta convocar la inevitable guerra con su secuela de destrucción y muerte. Otro personaje que apostó al armamentismo irracional y la absurda guerra fue el tristemente célebre “señor de las moscas” Saddam Hussein con su hiperbólica amenaza de desatar la madre de todas las guerras. Cuando la política y la diplomacia fracasan, la guerra reaparece amenazante como la solución suicida de esta corte de locos.
En un estudio reciente sobre las personalidades “Borderlaine” caracterizados como narcisistas y megalómanos, huérfanos psíquicos y carentes afectivos, se establece con asombro que la locura en la historia del poder es frecuente y recurrente entre muchos y de manera emblemática los emperadores romanos Nerón y Calígula y el propio Julio César. En este estudio se corrige la tesis de que era el poder quien enloquecía a estos personajes y se sostiene todo lo contrario, buscaban el poder porque estaban locos y con el poder omnímodo se volvían más locos todavía. La historia está llena de ellos, equidistantes entre el payaso y el exhibicionista, sino fuera por las tragedias que provocan serían verdaderos especímenes del teatro del absurdo, y así los vio Chaplin, ese creador genial, que en “El Gran Dictador” película filmada en plena guerra mundial dejaba al descubierto esos payasos patéticos, ridículos y destructivos como lo fueron Hitler y Mussolini y que ambos perfectamente pueden ser identificados con otros dos personajes posteriores como Idi Amin y Kadafi y tantos otros, como si la historia se empeñara en repetirse a sí misma.
Hola chicas ahi está un archivo donde amplía más la reflexión sobre esta interesante obra de Erasmo de Rotterdam.
ResponderEliminarEspero sus comentarios.
Así se llama el celebrado libro del gran humanista Erasmo de Rotterdam, y nunca tan oportuno título y libro para una época desquiciada y confundida, en tránsito indetenible a repetir los errores del pasado como las guerras y los conflictos alimentados desde el poder.
ResponderEliminarEl dictador Mugabe, después de alimentar durante 30 años todo tipo de violencia desde el gobierno, hoy, agónico en su poder de muerte y con un país absolutamente arruinado clama por el cese de la violencia política, en un gesto insincero, tardío e inútil.
La teocracia feudal iraní, sigue empeñada en su apuesta con la muerte, como en su momento la Alemania nazi, el fascismo italiano y japonés y la Rusia comunista, regímenes que convirtieron en política de estado el armamentismo y el desafío permanente, hasta convocar la inevitable guerra con su secuela de destrucción y muerte. Otro personaje que apostó al armamentismo irracional y la absurda guerra fue el tristemente célebre “señor de las moscas” Saddam Hussein con su hiperbólica amenaza de desatar la madre de todas las guerras. Cuando la política y la diplomacia fracasan, la guerra reaparece amenazante como la solución suicida de esta corte de locos.
En un estudio reciente sobre las personalidades “Borderlaine” caracterizados como narcisistas y megalómanos, huérfanos psíquicos y carentes afectivos, se establece con asombro que la locura en la historia del poder es frecuente y recurrente entre muchos y de manera emblemática los emperadores romanos Nerón y Calígula y el propio Julio César. En este estudio se corrige la tesis de que era el poder quien enloquecía a estos personajes y se sostiene todo lo contrario, buscaban el poder porque estaban locos y con el poder omnímodo se volvían más locos todavía. La historia está llena de ellos, equidistantes entre el payaso y el exhibicionista, sino fuera por las tragedias que provocan serían verdaderos especímenes del teatro del absurdo, y así los vio Chaplin, ese creador genial, que en “El Gran Dictador” película filmada en plena guerra mundial dejaba al descubierto esos payasos patéticos, ridículos y destructivos como lo fueron Hitler y Mussolini y que ambos perfectamente pueden ser identificados con otros dos personajes posteriores como Idi Amin y Kadafi y tantos otros, como si la historia se empeñara en repetirse a sí misma.